
VMM News Services (Spanish)
(c) 2002 Emilio D. Santos - Valley Multimedia, Corp. McAllen, TX
La
verdad sobre Chávez
Por Alberto Mansueti
Mucha gente se confunde en Venezuela, y no me extraña que haya confusión
aún mayor en el exterior. Vivo en este país desde hace casi 30 años; y veo la
realidad tal y como es -muy parecida al resto de América-, porque gracias a
Dios no tengo anteojeras democráticas ni otras similares. El problema de
Venezuela no es Chávez; ni la falta de democracia. Aquí sobra democracia; y
por eso mismo Chávez gana cuanta elección o plebiscito haya. (Y van 5 en menos
de 4 años).
Chávez es
apenas un síntoma del problema, que es la plebe. Distinta del pueblo. El pueblo
vive de su trabajo. La plebe vive o aspira a vivir del trabajo ajeno (del latín
“plebs” distinto a “populus”; los romanos ya la conocían, esto no nada
nuevo.) El pueblo es trabajador; la plebe, predatoria.
El
problema es la plebe
La plebe puede ser cruel y feroz, pero mentalmente es retardada, y muy
ingenua: creyó la promesa de “almuerzo gratis”, repetida por la democracia
desde 1958. Y ya se impacientó de esperar. Algunos de ellos toman una pistola y
salen a robar por sí mismos. Otros, más cobardes e hipócritas, reclaman que
el Estado robe por ellos. No creen en el mandato bíblico de ganar el pan con el
sudor de la frente. Creen que todo contribuyente de impuestos -incluidos los
impuestos disfrazados-, debe pagar por lo que se les dijo son sus
“derechos humanos” a la “salud y educación”, vivienda, jubilación,
empleo “garantizado” con “sueldo digno”, etc. Y creen que la democracia
es el medio para lograr todo lo que desean -y envidian-; y no el trabajo, el
ahorro y la inversión, en una economía libre.
La amarga verdad sobre Chávez -que ningún demócrata de este u otro país
se atreve a reconocer-, es que Chávez no creó a la plebe; ella es criatura
exclusiva de la democracia. Y Chávez es un hábil manipulador, es un “tribuno
popular”, tal y como Fustel de Coulanges describió la figura en “La Cité
Antique”. Si Chávez no hiciera su papel, otro lo haría. Desde 1958 la
democracia no sólo le insufló el credo distribucionista a la masa, les “formó”
también a sus cabecillas dirigentes, en las universidades marxistas (todas,
empezando por la Católica). Chávez mismo es un producto de la democracia,
porque las academicas militares no escaparon al adoctrinamiento
marxista-leninista.
El jueves 11 de abril pasado los estatistas anti Chávez -civiles y
militares- tomaron un par de cuarteles y el Palacio de Gobierno, mediante un
golpe de mano (“de Estado” es mucho decir para tamaña bufonada); y a punta
de pistola llevaron al tipo a una isla semidesierta, creyendo así resolver -o
escapar- del problema. El 12, la plebe enfurecida tomó las calles, rompió
vitrinas y saqueó los comercios, exigiendo perentoriamente la reposición de su
líder. Los golpistas repentinamente se asustaron; y trajeron a Chávez de
vuelta al día siguiente, sábado 13. Casi le piden disculpas. (Y él los ha
tratado con bastante gentileza -hay que decirlo-, que ellos no agradecen; en
Cuba u otro país no hubiesen contado el cuento).
Yo nací en Argentina, años después del 17 de Octubre de 1945, cuando
la plebe recuperó a su Perón, también preso en esos días, en otra isla
semidesierta. ¡A más de medio siglo vi en Venezuela idéntico episodio!
Libertad
no es democracia
Pero a diferencia de la mayoría de los liberales, yo no confundo
libertad con democracia. Son distintas; y casi incompatibles. Democracia es
Gobierno mayoritario, y libertad es Gobierno limitado. Gobierno mayoritario lo
hay en Venezuela; a diferencia del Chile de Pinochet, por ej. cuando los
chilenos debieron suspender su democracia para rescatar su libertad, que
comenzaron a perder otra vez, ya de nuevo democráticos. En casi todos los países
hay actualmente democracia sin libertad; con la probable excepción de El
Salvador, donde un partido de derecha (ARENA), con inteligencia y coraje
distingue claramente la libertad -que no confunde con democracia-, y se
identifica con ella.
Pero quizá la libertad ya no se recupere en nuestra América. Porque a
todos los demócratas -incluyendo a los sedicentes liberales-, les ha dado ahora
una altísima fiebre por la democracia, y ya deliran por la democracia directa:
referendum, “participación” de la “sociedad civil” y otros disparates
por el estilo. Y aborrecen de los partidos políticos, y de otras instituciones,
que toman por “excrecencias” de la “democracia representativa”.
Pero sin un partido que nos represente, y que ponga sus límites a la democracia,
los creadores de riqueza -y en consecuencia, los verdaderos liberales, sean o no
concientes de ello-, no podemos quitarnos la tiranía mayoritaria que nos
esclaviza y roba.
The
fatal mistake
Conozco a los liberales de toda Latinoamérica; porque somos muy poquitos.
Pero para nuestra causa, lo más lamentable no es la pequeñez del número, sino
el despiste, la falta de claridad y coherencia, sacrificadas en el altar de lo
que sea “políticamente correcto”. Lo fatal es que no entiendan que la
libertad es indivisible, e inseparable de una visión realista y objetiva del
mundo y la vida, de la persona individual y la sociedad, de la economía y la
política, etc. Y que esa visión no puede descomponerse en compartimentos.
Desafortunadamente la mayoría de esa minoría liberal –valga la expresión-,
padece terribles confusiones conceptuales, algunas particularmente
incapacitantes para la causa liberal:
1. Tener el liberalismo por compatible con cualquier sistema de creencias
sobre el individuo, la mente y la realidad. Específicamente, con creencias
filosófico-religiosas idealistas o materialistas radicales, agnósticas y escépticas,
empiricistas o cartesianistas extremas, relativistas, panteístas, gnosticistas,
o de otra forma contrarias al realismo metafísico y epistemológico, telón de
fondo y marco propio del liberalismo. Por perderlo se empieza. En los ’60 y
‘70 este tipo de creencias se difundió en todo el mundo, afectando incluso al
pequeño resto de economistas e intelectuales liberales que quedaba de la II
Posguerra y sus “milagros económicos”. En Mayo del ’68 esta tendencia
hizo clímax; y la causa de la libertad perdió. Mises -que estaba claro- ya no
fue a las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin.
Por aquí se empieza, pero no se termina. Si Ud. ha caído en el error de
tener al liberalismo como compatible con cualquier cosmovisión (visión del
mundo y de la vida), pronto caerá en otros, como ...
2.1. Predicar un estrecho liberalismo productivo, y tenerlo por
compatible con cualquier creencia sobre la economía, el hombre y la sociedad.
Creer que se puede ser libremercadista para la producción de los bienes y
servicios llamados “económicos”; y a la vez estatista en cuanto a moneda. O
ser liberal en economía y ser socialista en “educación y salud públicas”;
o liberal económico y antiliberal en sociología y derecho (positivista), y/o
en sicología (determinista).
2.2. Tener al liberalismo económico por compatible con cualquier
creencia y sistema político; en particular la democracia. Por este trágico
error, en Cuba y Venezuela -como antes en Nicaragua- todo estatista
circunstancialmente opuesto al dictador de turno, cuenta con el apoyo de los
amigos de la libertad.
Son errores que provienen de creer que el liberalismo es una doctrina
referida al “reino” de lo económico exclusivamente, y que puede pegarse con
cualquier otra doctrina, relativa a cualesquiera otros aspectos de la realidad.
Si yo fuera un Friedrich Hayek escribiría un libro sobre esto; y lo titularía
“The fatal mistake”.
¿Cómo se observa la incompatibilidad
Simple: los sistemas sociales han de ser coherentes, y una economía no
dura libre mientras no lo sean la educación, la medicina, la religión, la política,
etc. ... Y viceversa. Pero es que además, en el individuo mismo, tampoco dura
eso que los sicólogos llaman “disonancia cognitiva”; las creencias de las
personas deben ser no contradictorias para que puedan sostenerse. (Los filósofos
realistas ya habían dicho que la realidad no se contradice, y por eso la mente
sana aborrece la contradicción). Por eso mientras más pequeño y circunscrito
sea el campo donde Ud. valoriza su libertad, tarde o temprano dejará de
apreciarla. Si su confianza en la libertad se halla desintegrada y desconectada
del resto de sus creencias, experimentará Ud. una disonancia -contradicción-,
y deberá resolverla. Entonces Ud. eliminará la contradicción ... ¡de un modo
u otro! Eso ha ocurrido a los poquitos liberales en Venezuela y América: los
liberales inconsistentes han dejado de serlo, y sólo los liberales consistentes
duramos liberales.
¿Y el problema de Venezuela? Como todo problema, el de la plebe se resolverá sólo cuando sea admitido y reconocido, como tal, y por consiguiente tratado con su remedio propio. ¿Cuál es esa curación ...? Un partido liberal, que vaya devolviendo al pueblo su conciencia de pueblo, y recuperando poco a poco también a la plebe. La solución al problema no es la pistola. Tampoco el voto. Es el realismo; es la razón. Pero mientras se siga en “negación” (con escapismos), la enfermedad de Venezuela sólo empeora. ¡Y cuidado: es contagiosa!