Prohíben escucharlos.  Y sin embargo se mueve

Por Emilio D. Santos

            Contrabando y Traición ( Camelia la Tejana), La Banda del Carro Rojo y otros corridos, se han  interpretado no  solo en estaciones de música regional o en bailes en ambos lados de la frontera. También  en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana, se han escuchado estos corridos en la voz  de los Tigres del Norte,  sus interpretes originales.  En bodas y otros eventos sociales se ha bailado al son de  los famosos narcocorridos.

Quien haya escuchado o bailado al ritmo de los narcocorridos,  no implica la  aprobación de que Camelia la Tejana haya asesinado a Emilio Varela, ni como desaprobación a  que un soplón haya denuncio a Quino Quintero y además miembros de la banda de carro rojo. La preferencia del público por la melodía  no implica una aprobación de las actividades delictivas de los protagonistas.

El corrido - como en antaño lo fueron pregoneros y trovadores-  es simplemente una manifestación artística popular.  Los corridos relatan acciones de héroes y villanos, como la acción heroica de un ferrocarrilero en Maquina 501, el amor a  La Adelita, los crímenes de el Ojo de Vidrio, la muerte por celos de Rosita Alvirez,  así como huracanes y otras desgracias y  hechos trascendentes.

El corrido, como voz de un pueblo oprimido, algunas veces festeja el triunfo de quien viola la ley y burla al gobierno. Es como un desquite a los abusivos gobernantes, más no la aprobación de la conducta delictiva relatada. Es como una compensación en fantasía por lo que sufre de su victimario, el  gobernante. La burla a la justicia no se limita al delincuente común. En el caso del escándalo sexual de Bill Clinton, al ex-presidente se le alababa su conducta, calificándolo del nuevo Juan Charrasqueado,  “pues ya parece mexicano.”

Con la operación impune del narcotráfico, proliferaron los corridos, pero ya no limitándose a hechos famosos. Se genero una  gran demanda de corridos, hechos ya sobre pedido de los narcotraficantes.

También hay corridos a favor de quines combaten el narcotráfico.  Hay otros de carácter político que denuncian la corrupción del gobierno mexicano, como  “El Circo”   que tenían dos hermanos Carlos y Raúl. Resulta obvio que el corrido se refiere al ex-presidente Carlos Salinas de Gortari y del hoy encarcelado hermano Raúl.

Pero los narcocorridos relatan un hecho innegable, la impunidad en una guerra que nunca podrán ganar los gobiernos. Ante la proliferación de este tipo de corridos, resulto que ahora esta prohibida su emisión en las estaciones de radio y televisión de México.

Como en tiempos en que no se podía decir que la tierra era redonda, ni que la tierra se movía.  Actualmente una mentalidad inquisidora prohíbe que se cante lo que no se puede ocultar, narcotráfico e impunidad.

Ya no se puede escuchar canciones que hablan de la vida y la muerte de delincuentes y policías. Sin embargo con prohibir que se escuchen los corridos, no se podrá ocultar que se vive cotidianamente  en  medio de riquezas y pobrezas extravagantes.

Nuestros jóvenes ven que sus padres que con el trabajo de toda su vida apenan logran comprar una casa modesta y un vehículo. Pero sus vecinos, sin esforzarse en el estudio o trabajo, repentinamente ya viven una lujosa residencia y conducen lujosos vehículos. Porque así como los corridos se hacen al gusto, también los fabricantes de vehículos lujosos, dejaron los colores tradicionales para fabricar vehículos con colores brillantes al gusto de los nuevos clientes.

En los tiempos de la prohibición del alcohol, los delincuentes aparentaban no serlo e incluso  trataban de refinarse buscando el reconocimiento de la sociedad. Ahora dada la impunidad, ya no se oculta, mas bien  parece que se presume, no solo en los prohibidos narcocorridos, sino la ostentosa forma de vivir derrochando fortunas, incluso comprando puestos públicos.

Definitivamente resulta ridículo, prohibir cantar lo que no se puede negar. El negocio del narcotráfico esta triunfando en  la  llamada guerra contra las drogas. Esta guerra, nunca se podrá ganar. Como el gobierno nunca pudo ganar cuando la prohibición del alcohol.

Hay demanda y corrupción. No podemos dudar que en todos los países hay muchos servidores públicos honestos que cumplen con su deber y  que muchos han perdido heroicamente su vida en cumplimiento de su deber. Pero el hecho es que también hay gran corrupción en los gobiernos de todos países, tanto productores como consumidores.

Recuerdo un caso en el sur de Texas en que los agentes federales interrogaban  a quien le habían pagado en efectivo por la compra de unos tractores. ¿Que si no le paresia sospechoso de que le pagaran de contado y  en efectivo? ¿Que por que no había cooperado  denunciando la sospechosa actividad a las autoridades locales?  Contesto el interrogado,  ¿A cual de los dos comisarios  lo debía haber reportado,  al  mi condado o del condado vecino donde reside el que me compro, agregando  “porque ambos  comisarios (Marmolejo de Hidalgo y Falcón de Starr, Texas) están en la cárcel por recibir sobornos de los narcotraficantes”

Las ultimas acciones de Bill Clinton como presidente, fue perdonar convictos. Desde defraudadores hasta asesinos de agentes del FBI. Muchos de los perdonados eran narcotraficantes, entre los que se encontraba su hermano Roger Clinton, convicto por distribución de cocaína.

Se captura al líder del carteles, pero no se ha disuelto a ninguno de estos. Simplemente cambian de líder. Se dan cifras de decomisos de drogas, pero aunque estos decomisos aumentaran sustancialmente, seguiría  siendo rentable el narcotráfico.

En Texas, a los menores les es mucho más fácil conseguir drogas que conseguir bebidas alcohólicas. Las bebidas alcohólicas están permitidas pero reguladas, pero las drogas están completamente prohibidas. 

Se dice que la legalización de las drogas  incrementara el consumo, eso finalmente no sucederá, a la larga diminuirá el mismo cuando pierda el atractivo de lo prohibido. Pero sobre todo la legalización acabara con la creciente actividad criminal y corrupción  que genera la distribución y consumo de drogas, así como el abuso impune contra inocentes.

Relato solo uno de muchos caso del abuso contra inocentes. Seis policías de Houston, Texas, sin orden judicial de cateo, entraron en la madrugada al departamento de un joven matrimonio. Uno de los policías se le disparo un tiro y le pego a otro policía en el chaleco anti-balas. Esto desato  una salvaje balacera, que termino acribillando Pedro Oregon de 23 años con 12 tiros en la espalda, quien estaba  acostado bocabajo. Los policías no encontraron drogas en el departamento, solo una pistola -que legalmente- estaba en un closet, la que los policías pusieron en la mano al cadáver, esto según declaro la hoy viuda quien aterrorizada abrasaba sus dos pequeños. De las investigaciones resultaron que la pistola era nueva, nunca había sido disparada.  Resulto que  Pedro Oregon no consumía drogas, ni tenia antecedentes penales, es mas  ni siquiera había cometido una infracción de transito.

Los policías se basaron en los datos de un informante. Estos criminales con placa, no solo violaron la Constitución al no solicitar la orden judicial correspondiente, sino que no reportaron la operación a sus superiores. Por lo que se supone que pretendían robar el efectivo o la droga que encontraran. Como el homicidio se perpetro en la comisión de un delito deberían haber sido condenados a la pena de muerte, mas se les suspendió con goce de sueldo.

En la lucha contra las drogas los gobernantes no les preocupan la violación de derechos humanos de los ciudadanos inocentes. Pero estos defienden  fervientemente sus derechos cuando tratan de defender los de su clase, como cuando se propone  que se hagan análisis a todos los niveles de gobierno no solo a los policías de menor rango. En mi opinión debe de hacerse obligatorios los  exámenes periódicos y sorpresivos, para cerciorarse que no consumen drogas. Estos a todos en el gobierno, desde los maestros de primaria hasta el presidente, los legisladores, jueces, magistrados y todo agente policiaco.

Con los  análisis  obligatorios,  al menos tendríamos la certeza de no  estar  gobernados por personas bajo la influencia o dependientes de narcóticos.

Mas que combatir las drogas y gastar inútilmente en su erradicación, habrá que dedicar estos recursos en educación y prevención  La solución, no es  prohibir los narcocorridos, sino acabar con su causa, la impunidad y corrupción. 

Ya deben de dejar  de  culparse mutuamente países consumidores y productores, así como otorgarse y retirarse certificaciones ridículas. Se debe  reconocer la realidad y acabar con una inefectiva prohibición que fomenta esta actividad. Ya no se escucharán los narcocorridos, pero como dijo Galileo, y sin embargo se mueve.