REFLEXIONES LIBERTARIAS
¿Y LA VIBORAS PRIETAS?
Por Ricardo Valenzuela
El
año de 1989 convulsionaba al mundo con la caída del muro de Berlín y sus
temblores colaterales, y una comunidad internacional ebria de euforia celebraba
lo que se pensó era la muerte de una de las grandes amenazas a la humanidad; el
comunismo. Francis Fukuyama luego publicaba su famoso libro para claramente
reafirmarlo: “El Final de la Historia y del Ultimo Hombre.” El mundo
entero parecía abrazar el sistema occidental democracia y mercados libres; sin
duda suficiente motivo para la euforia colectiva.
En México una nueva generación de políticos se aprestaba a iniciar los cambios y reformas más importantes del siglo. La hora del nacionalismo y de la demagogia parecía haber terminado. México después de siglos de extravíos se abría a la comunidad internacional archivando el fatal mercantilismo. Las kilométricas peroratas de Echevarria en contra de los EU quedaban en el pasado, y ahora negociábamos con ellos un tratado de libre comercio. Ya no se hablaba de la revolución mexicana, ahora el tema era cómo penetrar los mercados mundiales en sociedad con sus especialistas; los EU.
Pero ante esa euforia colectiva se presentaban dos aguafiestas. El gran Hayek quien tanto había advertido al mundo de la muerte del comunismo, desde su cabaña en Suiza atestiguaba el evento ante su viejo televisor y sonriendo repetía; “se los dije.”—Luego con su cansada voz proseguía con otra advertencia: “Ahora el peligro en puerta para la humanidad es el Islam.” El otro sería James Dale Davison cuyo libro publicado en 1992 “El Gran Ajuste de Cuentas,” ya predecía cómo el Islam substituiría al Marxismo como la ideología de confrontación con occidente, y el terrorismo que luego azotaría al mundo.
Los discípulos de Muhammad destronaron a los de Marx en un parpadeo. Marx no fue solo un falso profeta, pero, como todos los profetas seculares, fue también de muy corta duración e historia. Con el Islam la historia se debe de medir en siglos. El Islam se ha activado de nuevo y ahora probará ser tan ponzoñoso para el oeste, y tal vez económicamente tan destructor como el viejo Imperio Soviético nunca lo fue. Lo demuestra la pérdida de 3 Trillones de dólares en los mercados de capital que produjo la invasión de Saddam a su vecino—mas los gastos de la guerra y los daños ambientales del incendio de los pozos en su retirada.
Sentenciaba Davison: “La nueva división global será entre el mundo progresivo de las ricas economías de mercado en la parte norte del planeta, y el atrasado mundo del sur excesivamente poblado y pobremente educado. Los gobiernos que aun mantienen una razonable competencia, se verán asaltados por gentes de las regiones en las cuales los suyos han probado ser ineptos y corruptos. Las modernas ideas seculares de formas de vida, serán confrontadas por viejas y ancestrales estrategias religiosas de organización de las sociedades.”
Los iranís ya habían telegrafiado el primer mensaje en 1979 cuando invadiendo la embajada de los EU en Teherán, tomaban como rehenes a todo su personal con pasaporte americano para retenerlo durante más de un año. Luego de una década de hostilidades, Saddam Hussein abre el abanico de sus cartas cuando en descarado desafió mundial invade Kuwait sediento de petróleo y harto de odio hacia los infieles. Los aliados después de expulsarlo en una breve confrontación, de nuevo deciden ignorar esa nueva amenaza.
En 1992 los EU despedían a su Comandante en Jefe y héroe de la guerra del Golfo; George Bush I, para entregar las riendas del país al pacifista Clinton, quien durante sus 8 años no solo ignoraría el problema--mismo que crecía como tumor canceroso, sino que además desmantelaba la estructura de inteligencia pensando debía de morir al lado de la guerra fría. En esos 8 años los fundamentalistas islámicos del brazo de Corea del Norte, se armaban hasta los dientes—y con tecnología americana.
Pero los estadounidenses despertarían a su horrorosa realidad aquel fatídico 11 de septiembre, cuando las torres gemelas de NY se derrumbaban rugiendo cual animal herido con casi 3000 de sus ocupantes ante los incrédulos ojos del mundo entero. En esos momentos se develaban la magnitud de las advertencias de esos aguafiestas; el Islam y su guerra santa mostraba sus tentáculos mundiales, su odio hacia los infieles, y la resolución suicida de sus intenciones.
Ese 11 de septiembre el mundo cambió para siempre. Los EU habían sido cobardemente atacados y requerían del apoyo de sus amigos. Tony Blair hacia su presencia en la Casa Blanca al día siguiente exhibiendo su condición de estadista. Sin embargo, nuestro Presidente no pasó lista hasta llevar a cabo sus “consultas” sacando el dedo ensalivado al viento. En esos momentos se iniciaba un proceso grave de deterioro de las relaciones de México y los EU. Fox no hizo frente a su histórico compromiso, y así perdía gran parte de su recién adquirido encanto que le entregaba nuestra incipiente democracia.
George Bush perdió un amigo ese 11 de septiembre; Vicente Fox, pero adquiría uno nuevo que lo acompañaría hasta el final: Tony Blair. Ese día se iniciaba la transformación de esos dos hombres tan diferentes y ahora tan unidos. En esos momentos se iniciaba también el diseño de un nuevo mapa geopolítico mundial. La mancuerna Bush y Blair se lanzaban a extirpar ese pestilente tumor que se prendía de las paredes de Afganistán, pero con ya ramificaciones en toda la anatomía global.
Vicente Fox era de nuevo favorecido por la suerte al darle otra oportunidad de transformarse en estadista. Se le invitaba al grupo elite que formaban Bush y Blair a través del Consejo de Seguridad de la ONU. Ya José Maria Aznar mostraba el material de su carácter enfrentándose con un pueblo español enrabiado en contra de la guerra. Blair enfrentaba el mismo problema, pero el estadista hace lo que el piensa es lo mejor para su país y la humanidad, no lo que lo haga popular, y se equivoca poco. En términos beisboleros a Fox le lanzaron una recta al centro, pero en lugar de batearla de Jonron, ni siquiera le hizo el swing y se queda ponchado sin tirarle.
Las consecuencias de las
acciones, o la falta de ellas de parte de Fox, los sentiremos durante muchos años.
Finalmente el presidente unificó a México entero, lastima que lo haya hecho
para sentir lo popular que era, mas no lo claro y decidido que debería haber
sido, porque finalmente el carácter de un hombre, es lo que cincela su destino.
Ricardo Valenzuela chero@mindspring.com
www.alianzaliberal.org
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