REFLEXIONES LIBERTARIAS

MOHAMED FOX

Por Ricardo Valenzuela

  Era Octubre de 1996 y me encontraba estacionado en el mejor privado de un elegante hotel en la ciudad de León dando cuenta de mi segundo café. En punto de las 8 de la mañana irrumpe al recinto como tromba un grupo encabezado por un hombre impresionante; muy alto, mas alto que yo, de botase indumentaria vaquera, de un andar firme destilando seguridad. Se dirige a mí y me tiende la mano para luego de aprisionarla con fuerza me dice; “Mucho gusto Ricardo.” La impresión que este hombre me causó a primera vista, fue similar a la forma en que me cautivó la primera foto que pude observar de Mohamed Ali en 1964 con su estatura de casi 2Mts, en su elegante guardia derecha afirmando: “Soy el mejor porque soy el mas grande y el mas poderoso.”

Luego de observar a este interesante personaje por unos segundos y pensar; “parece mi paisano de la zona de Sahuaripa,” le respondo; igualmente señor gobernador. “Que Señor gobernador ni que la chicharra me revira; yo soy Vicente.” Se trataba de Vicente Fox, el recién estrenado Gobernador de Guanajuato. El desayuno planeado para dos horas se alargó a todo el día.

Tuve así la oportunidad de conocer al hombre que me pareció portaba el arsenal completo que requería el líder que durante décadas los mexicanos habíamos esperado. Comprobé con facilidad su clara inteligencia, supe era justo portador de una reputación de hombre íntegro; sin duda un hombre preparado para la tarea monumental en su horizonte. Me di cuenta de su clara visión del México que pretendía construir en convocatoria a todos los mexicanos. Pero lo que más me impresionó de él, fue esa rara y potente energía que emanaba y contagiaba. Al narrar cómo se le había negado la oportunidad de la gubernatura la primera vez, recordé la famosa expresión de Ingersoll: “La mayor prueba de valor en este mundo, es enfrentar la derrota sin perder el corazón.” Tenía frente a mí un hombre de verdad valiente.

Durante los siguientes tres años mantuve  con él una comunicación fluida y permanente. Me parecía un hombre de ideas con tintes liberales sin llegar a serlo y lo entendí, se había educado con Jesuitas. No tengo duda de que algo pude influir en la estructura de sus ideas; sobre todo cuando con pasión en 1997 se dedicaba mediante publicaciones de prensa a pedir al gobierno una devaluación. “Habla con Roberto Salinas le aconsejé.” A pesar de ciertas diferencias para mi era un liberador; un político que parecía gritar “traigo la sangre caliente”cuando se preparaba para derribar las barreras construidas durante un siglo de peste bubónica Revolucionaria; y esas credenciales eran válidas y suficientes, le daban la legitimidad para hacerlo portador del sueño de los mexicanos.

A veces en su personalidad se dibujaba un perfil que a mí especialmente me gustaba—cierto tinte de autocracia y tozudez. Y para la tarea requerida en esta feroz lucha que se aproximaba, esas eran armas no solamente atractivas, pero indispensables. Para enfrentar los a nefastos mercaderes y luego verdaderamente echarlos del templo, se requería un hombre de mano dura y botas altas; un hombre con sangre caliente y emociones frías. Me pareció siempre un hombre sumamente agresivo y algunas gentes era lo que más temían; pero yo pensaba: Querer libertad sin agitación, es querer lluvia sin rayos y relámpagos. Es querer el océano sin el rugido de las olas. Su agresividad casi amenazante se llegó a convertir en la característica que más le admiraban, y más gente le atraía y se sumaba a su cruzada.

Hemos atracado el muelle del segundo aniversario de la histórica expulsión de los mercaderes, y por desgracia no tenemos mucho que celebrar. La última vez que pude ver al Presidente fue como candidato en el cierre de su campaña en mi tierra; Sonora. Me identificó en el aeropuerto repleto de gente, me llamó para poner su mano sobre mi hombro y afirmar: “Ahora si llegó la hora de sacar a estos jabalíes de la cueva; con humo si se necesita, pero los sacamos.” Pocos días después celebrara la gran victoria, y esa misma noche cambiaba el tono de sus mensajes. Ante el asombro de un pueblo en la entrada del callejón de los sueños, desaprecia el hombre templado y agresivo y del otro lado emergía un nuevo híbrido, una cruza entre Pancho Madero y Jimmy Carter con la rama de olivo en la mano pidiendo disculpas por su mala conducta.

A dos años de su elección la imagen de Vicente Fox ya no es la misma; ya no es la del hombre atrabancado que con su sola presencia intimidaba. Ya no es aquel hombre de las palabras fuertes e intenciones claras. Ya no es el hombre que se aprestaba a introducirse a la cueva de los lobos para sacarlos en medio de sus lloridos. Ahora es un hombre meticuloso, medido y meloso; cauteloso y cautivo; un hombre con un mensaje viejo y problemas nuevos. Un hombre que ante un triste payaso como es el Subcomandante Marcos, se exhibía de forma patética en su terca intención de “hacerlo su cuate.” Pero; ¿Cuál es el verdadero Vicente Fox? ¿El valiente o el meloso? ¿El atrabancado o el prudente? No lo sabemos pero los mexicanos ya le exigen descubra su verdadero juego. Los mexicanos quieren saber si sus sueños de cambio se dirigen al naufragio.

Cuando reflexiono sobre el nuevo Fox, viene de nuevo a mi mente la imagen de Mohamed Ali de los años 60 cuando buscando una pelea por el campeonato mundial de peso completo, se dedicó primero a convencer al mundo de que era el iluminado,  luego a enfurecer al nuevo campeón Sonny Liston mediante una gran campaña de mercadotecnia en la cual lo atacaba con todas las armas que era capaz de expulsar de su boca. Fue tal el terremoto que provocó, que preocupado Floyd Patterson lo llamó para prevenirlo de la rabia que había despertado en el campeón y de su demoledora pegada. Confiesa ahora Mohamed Ali que el día de la pelea le temblaban las piernas del miedo y pensó: “Tengo dos opciones; subir al ring y nadar de muertito, o pelear con el corazón y todo lo que tengo.” El resto es historia de un hombre que decidió pelear y no solo vencer al temible campeón, venció al gobierno de los EU cuando lo quisieron obligar a ir a una guerra con la que no estaba de acuerdo.

Uno de los gritos de campaña de Fox robado del Maquio era: Si me detengo empújenme. ¿Te tiemblan las piernas Vicente? Pues no tienes mas que las mismas dos opciones de Mohamed Ali; nadar de muertito y pasar a la historia como la gran desilusión de los mexicanos. O ya subir al ring y pelear con el corazón en la mano, pero además con el de todos los mexicanos que todavía creemos en ti. Es tu decisión y ya no tienes mucho tiempo pues el “Oso Feo” se prepara para dar el zarpazo mortal. “Aquí no es el te cabresteas o te ahorcas.” Aquí es te testereas y rompes la piola; o se rompe el corazón de los mexicanos.


Ricardo Valenzuela  chero@mindspring.com
www.alianzaliberal.org

www.lasalida.org

 

VMM News Services (Spanish)

(c)  2002  Emilio D. Santos - Valley Multimedia, Corp. McAllen, TX