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LA SOMBRA DE TENOCHTITLAN OSCURECE JEONJU

Por Luz Ma. Silva

En Big Brother sí se pudo. En el futbol no. A nivel individual algunas personas "la hacen". En equipo no. Una vez más soñamos el éxito y nos despierta el fracaso. El futbol es uno de los muchos temas que ignoro. En cambio, mi entrenamiento en comunicación no verbal y trabajo de equipo me dejó ver desde el inicio que el TRI de Jeonju era perdedor. Me lo dijo la cara de sus integrantes, su caminar desde que abordaron el autobús en el hotel, en medio de la valla de seguridad de la policía coreana que, en vez de verlos, les daba la espalda para reaccionar con rapidez ante una eventual amenaza externa.

Los seleccionados entraron al estadio abrumados por el peso de EUA, por el de 100 millones de esperanzas y el de la derrota que anida en nuestro inconsciente colectivo. "La realidad es cruel, es dura, el despertar es amargo", explicó José Ramón Fernández. Ante la conmoción del 2-0 sonó la hora de analizar qué pasó. Sucedió lo mismo que cuando los gobiernos de López Portillo y de Salinas nos prometieron el primer mundo: "perdimos la oportunidad histórica, el paraíso terrenal". Hoy, al igual que entonces, o que cada vez que perdemos el mundial, analizamos los hechos personales, señalamos errores y culpables, nos lamemos las heridas resignados, y consolados esperamos la oportunidad de "hacerla".

¿Por qué vemos al crecimiento como resultado de un hecho fortuito, un golpe de suerte, un deseo o un producto? ¿Por qué no asumir que es consecuencia de un proceso demandante, celoso y caro? Aun a nivel natural es así o ¿conoce algún bebé que haya dejado la cuna en calidad de adulto? ¿no usamos muchos años para crecer? ¿no aumentamos en estatura, en conocimientos, en libertad, en ese lapso? ¿no cambiamos física, psicológica y socialmente? Si es así a nivel personal ¿por qué debe ser diferente para la selección, la empresa o el país?

El crecimiento es demandante. Implica un planteamiento claro, un mínimo grado de acuerdo y una gran concentración. El desarrollo es celoso. Dispersar esfuerzos provoca tantos fracasos como el pensar que los logros son gratuitos. No lo son. Tienen un precio. Se paga en disciplina, en orden, en atención y a veces en dinero. El monto es elevado, pero es más barato que el fracaso.

La Programación Neuro Lingüística (PNL) habla de que para conseguir lo que desea, uno tiene que hacer un esfuerzo consciente y sostenido, que subir por los cuatro tramos de la escalera del aprendizaje. Debemos salir del peldaño inferior, el de la incompetencia inconsciente, el de lo que ignoramos sin saberlo. De ahí se sube al escalón de la incompetencia consciente, donde ya sabemos que somos ignorantes. La tercera grada se alcanza cuando se aprende lo necesario, es la de la competencia consciente, esa que se da cuando uno ya sabe y hace las cosas cuidadosamente, con esfuerzo. Cuando se domina la habilidad, se alcanza el cuarto y último trecho: el de la competencia inconsciente, la que logramos cuando sabemos hacer algo tan bien que ni nos damos cuenta de cómo lo hacemos, simplemente lo hacemos.

Mi hipótesis respecto al éxito es que los mexicanos no enfrentamos la prohibición histórica que nos impide triunfar. Es aún una incompetencia inconsciente. Se manifiesta cada vez que queremos ganar sin actuar en consecuencia. Ya que se dice que el equipo de EUA le ganó al azteca, empecemos a rastrear en Tenochtitlan las razones de esa incompetencia, las causas de sentirnos "nacidos para perder" en vez buscar cómo ganar.

Revisemos la historia. Analicemos lo que significa para nosotros, mexicanos del siglo 21, la caída de Tenochtitlan y el triunfo español. Entendamos por qué si nos gusta un plato tan mestizo como los frijoles con chorizo, tenemos problemas de identidad, por qué no aceptamos plenamente la ascendencia indígena y la española, por qué negamos el triunfo de Castilla, por qué cargamos con la derrota de Tenochtitlan, por qué permitimos que su sombra nos impida triunfar.

Nos urge entender qué sucedió en la Colonia, cómo se estructuraron nuestros valores y sociedad. Mientras nuestra historia mal hable de Hernán Cortés y en el párrafo siguiente lo haga de Miguel Hidalgo, ignorando los 300 años que separan un hecho del otro, no saldremos de la incompetencia inconsciente, no subiremos a la incompetencia consciente, no desarrollaremos las habilidades del éxito ni veremos el camino de la competencia consciente, menos aún el de la competencia inconsciente. Seguiremos soñando con el desarrollo nacido de la magia y despertando en la pesadilla del estancamiento surgido de la realidad.