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REFLEXIONES LIBERTARIAS
Las Artes de la Sumisión

Por Ricardo Valenzuela

Hace unos días el Banco Mundial dio a conocer cifras que cuando menos a mi no me sorprenden, mas no así a la “comunidad intelectual” de México y América Latina: La pobreza y la miseria siguen avanzando a pesos agigantados en nuestra región a pesar de “los esfuerzos de nuestros gobiernos.” Durante años he dedicado gran parte de mi tiempo a encontrar respuesta a las causas de esa aterradora situación—sobre todo teniendo a tiro de piedra el a veces frustrante ejemplo de riqueza y prosperidad de los EU. Las reformas que en diferentes partes del mundo han sido no solo exitosas sino milagrosas, en México no funcionan.

Las causas de esta abismal diferencia que he encontrado han sido muchas, pero creo que la mas impactante ha sido nuestras “diferencias culturales.” En México particularmente además de nuestros orígenes coloniales y religiosos, nuestra cultura de la dependencia ha sido esculpida de forma muy importante entre otras cosas por nuestras “artes”—literatura, pintura, música y de forma neurálgica; nuestro cine. Quien no recuerda las dramáticas películas de Pedro Infante Ustedes los Ricos, Nosotros los Pobres, Pepe El Toro etc., o las revolucionarias de Tony Aguilar siempre luchando contra los demonios acaparadores de riqueza en representación de un justo, “honesto” y compasivo gobierno que como padre vela por sus hijos más desprotegidos a cambio de su entrega incondicional. Nos han convencido de que la pobreza es una virtud.

            En contraste quiero ahora compartir una experiencia extraordinaria que viví hace unos días. Tuve le gran oportunidad en Denver de ver una película titulada: The quick and the dead. Traducido al castellano sería; El rápido y el muerto. Esta es la historia de una pareja de pioneros de Filadelfia que emprenden la aventura de emigrar al oeste americano del Siglo XIX. En su peregrinar por las hermosas planicies del oeste, encuentran a un rudo vaquero texano quien durante todo su trayecto hasta su destino final, se convierte en su protector, su amigo, un segundo padre para el único hijo de la pareja, un admirado personaje para el jefe de la misma, e inclusive una peligrosa tentación para la mujer.

            Lo más interesante de esta cinta, es que al irse desarrollando la historia este salvaje vaquero; Mr. Valiant, poco a poco se dibuja como un verdadero libertario para quien el tesoro mas preciado era ese; la libertad. Uno de los rasgos de la personalidad de este hombre que más me atrajeron, era su independencia mental, emocional, lo que la demás gente identificaba como una actitud hostil y antisocial calificándolo de ermitaño. Sin embargo, Valiant se describía como un hombre que no era neddy—en léxico popular tal vez pudiéramos interpretar eso como el que no necesitaba vejigas para nadar. Es decir, no requería de los soportes emocionales de parte de otras gentes los que en algunas se convierten inclusive en peligrosas adicciones. Obviamente tampoco requería de otras adicciones que gentes adquieren para eso; sobrevivir emocionalmente, como la religión mal entendida, psiquiatras, antidepresivos etc.

            Durante toda la cinta este hombre maneja conceptos desde la familia, el verdadero papel de un gobierno, la amistad, y algo especialmente interesante; la iniciativa del hombre para actuar sin que como él lo describía; “te anden arreando como ganado o seas parte de una mandada siguiendo una caponera.” Dibuja de una forma genial los valores sobre los cuales el oeste americano se estaba desarrollando: hacer y dejar hacer: Mind your own business y deja en paz a los demás. Afirmaba Valiant que lo peor que le podía suceder a un hombre, era convertirse en un becerro lepe; es decir, un becerro huérfano de su madre sin poder valerse por sí mismo. De alguna manera este salvaje montaraz manejaba de forma brillante la filosofía de Ayn Rand de un crudo individualismo y la verdadera crueldad de lo que tanto predican los curas; la compasión mal entendida.

            Una noche estando en la “sobremesa” alrededor de la fogata, la mujer le pregunta que pensaba de Ulises Grant. El vaquero responde no conocerlo. La mujer con incredulidad le reclama; como es posible que no sepas que es el Presidente del país. Valiant responde; ¿Porqué habría de saber.? La mujer continua; “porque es nuestro líder y está haciendo grandes cosas por todos nosotros; está tratando de ayudar a todos los americanos.” Entonces el vaquero revira: “Siempre que alguien ayuda a otra persona, es porque espera algo a cambio—. ¿Qué es lo que ese hombre Grant espera de todos ustedes.? El mismo responde; el que dependan de ellos como las jabalinas que yo alimentaba en mi cabaña en la sierra, llegó el momento que ya no buscaban pastos nuevos, sabían que cada mañana yo los alimentaría.”

            La mujer insiste; pero es impresionante ver a los representantes del gobierno cuando tocan a tu puerta para informarte de los nuevos programas de apoyo a la comunidad. Valiant fusilándola con la mirada le rebate: Ustedes vienen de Pensilvania, ¿no es así? Efectivamente responde la pareja al unísono. Continua el vaquero; el hombre que fundó su Estado y que le dio su nombre William Penn, en una ocasión afirmó: “El pobre hombre en su humilde choza desafiante enfrenta las fuerzas de la Corona. Su refugio podrá ser frágil; sus techos remendados; el viento podrá soplar de un lado a otro a través de sus averiadas paredes; la tormenta la podrá invadir, la lluvia inundarla; pero el que nunca entrará será el Rey de Inglaterra; que sus fuerzas nunca se atrevan a cruzar el umbral de mi casa.”

            En un pasaje de la cinta, el citadino le pregunta si había participado en la recién terminada guerra civil, a lo que Valiant responde que no. Le interroga de nuevo el hombre porqué, sin ocultar su malestar. El vaquero responde: “Was not my business; no era mi negocio,” por lo que su interlocutor ofendido le reclama: “Pero fue una lucha de todos para liberar a los esclavos.” Valiant le dirige una mirada que casi lo perfora cuando le afirma: Entonces los que deberían de haber peleado esa guerra eran los esclavizados y nadie mas, y pasa a repetir las palabras de Jefferson: “Nadie merece su libertad si no está día a día dispuesto a morir luchando por ella.” Si fueron otros los que les dieron su libertad, nunca serán verdaderamente libres.

            Dentro de su esquema libertario, este analfabeto vaquero manejaba de forma genial el concepto de los derechos naturales del hombre con origen anterior a los gobiernos: El derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad cuya protección justificaba inclusive el cegar otras vidas. El hombre de Filadelfia le reclamaba; no te puedes tomar la ley por tus propias manos, hay un gobierno para protegernos. Valiant respondía; yo no he visto gobierno que los proteja contra lobos, indios, asaltantes y cuatreros durante los últimos 40 días. Pero matar es pecado respondía el citadino. Valiant cerraba el dialogo diciendo; prefiero ser yo el pecador y no el que me apunta con su colt 45.

            Cuando la pareja llega a su destino y Valiant se dispone a seguir su camino; la mujer al despedirse le afirma: Bien Mr. Valiant; espero que tenga una buena vida. El vaquero sonríe y responde: “Señora; mi vida no podría ser mejor, tengo todo lo que necesito: Primero ese Sr. Grant que dicen me anda buscando para ayudarme con una trampa de coyote en las manos, está a mas de 3000 millas de aquí, y que nunca se atreva a cruzar el umbral de mi cabaña; tengo café, frijoles y carne seca en mis alforjas, buen tabaco para masticar. Le suelto la rienda a mi caballo para que me lleve entre los mezquitales. Al caer la noche hago campamento, tiro una cobija en el suelo, me acuesto y miro las estrellas, respiro profundamente la libertad; esa es mi casa Señora.”


Ricardo Valenzuela  chero@mindspring.com


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